domingo, julio 15

Me mudo a Vulgaria. No puedo escribir algunas cosas al lado de palabras mimosas para mi reinita.

miércoles, junio 27

El olorcito de mi bebita es el mejor aroma del mundo.

domingo, mayo 20

LLEGÓ / A las 21.22 del jueves con 4.030 gramos de peso y 52 centímetros de altura.
Fue, al fin, por cesárea.
Es una niña genial, hermosa y testaruda.
Es mía, lalalala lalalala lalalala ....

Es mi sol personal.

jueves, mayo 10

SABADO / Ella dice que el día es el sábado. Que anoche Joaquina se movió mucho mientras dormía; que niña estaba estaba en una especie de ensayo de parto y que, según dice ella, mi chica, por eso Joaquina después estuvo quieta en la panza toda la mañana porque quedó cansada de tanto moverse a la noche, practicando como sería su nacimiento que, ella asegura será el sábado.

lunes, abril 16

Tanta espera, tanta.
Esa niña ya gobierna mi mundo. Yo respondo a ese mando natural.
Accedo, feliz, a su tiranía.

jueves, enero 25

CACHORRO / Casi medianoche en un camino poco iluminado. Chiquito, de un blanco parduzco, raquítico: no lo vio –no pudo verlo–. Frenó tarde: lo buscó en el retrovisor y no lo encontró. Después lo vio atascado en la parrilla del auto: moribundo, jadeando.
En la atropellada, con una patita había roto el radiador.
Sin auto, le pidió a un patrullero, que lo lleven a una veterinaria. Tuvo que convencerlos, rogarles.
- Te doy 20 pesos: dame tu celular que te llamo para que me pongas a hablar con el veterinario. Después yo arreglo –le dijo a un “poli” morocho, de unos 40, que dijo llamarse Claudio.
- No, con esto va a alcanzar –respondió Claudio.
- Llevalo a la veterinaria, por favor –suplicó el atropellador.
- Quedate tranquilo... pero está frito, no se salva.
Lo mismo había dicho el playero de la ESSO, antes de arrimar una bolsa de plástico, amarillo quinoto, para que escondan al herido. “Dejalo en el parque” sugirió.
¿Desde cuando polis y playeros son expertos en preanunciar muertes?.
Apenas se movió la patrulla, el muchacho con la gorrita de ESSO, volvió a intervenir. “¿Le diste guita?. Estos lo van a tirar por ahí y se la quedan”. La sospecha sonó primero insultante; luego de una rigurosidad tan obvia que el atropellador se sintió un pelotudo.
¿Por qué, por míseros 20 pesos, un poli fingiría una gentileza?.
Quizá, pensó como susurrando, muchos polis alguna vez fueron cachorros atropellados.

jueves, diciembre 21

LABERINTO (IV) / OK: la adultez tiene cosas geniales como el sexo y el pasaporte. Pero ¿siempre, por el resto de mi vida toda, voy a querer volver a ser chiquito?.

jueves, diciembre 14

FEALDAD / Pasé unos días en Caracas. Es una ciudad fea, sucia, caótica; huele a frito. Como el Once (o lo que recuerdo del Once).
¿Porqué habré pensado en Saigón?.
Regresé a la bigamia citadina entre La Plata y Capital.
Extraño un poco Caracas: extraño su fealdad.

Me ocurrió antes.

lunes, noviembre 27

ESTAR Y SER / L se mira sus manos blancas. Con la derecha se roza, apenas, en cámara lenta, la palma y los dedos de la izquierda. Son autocosquillas: su madre, en la infancia, lograba con ese mimo que se duerma pronto y entre sonrisas.
N conoce el rito: una mano sobrevuela la otra y los ojos de L se entrecierran, agazapados, antes de sellarse para el sueño insondable.
- Me voy por unos días –irrumpe R con un susurro.
- Ya sé y no quiero –protesta L.
- No puedo no ir –insiste sin ganas R.
- Volvé –reta L.
- Sí, ¿pensás que no? –provoca R.
- Acordate que si vos no estás, yo no soy.

miércoles, noviembre 22

LABERINTO (III) / Después de tener un hijo ¿te volvés un poquito más fiel?

sábado, noviembre 11

COQUETA / Descubre, ahora, que siempre observó detenidamente un detalle puntual de las casas ajenas: lo que descansa sobre las mesas de comedor, en las noches.
Es revelador. Y no sólo para denunciar los datos filiatorios de los que habitan la casa.
Si pudiese caminar hasta la mesa de la vivienda donde dormirá esta noche, notaría que ahí viven dos personas, un tipo y una chica, que los dos trabajan y tienen algún (bueno, como mínimo) nivel de instrucción. Al menos uno de los dos.
Que de los dos alguien es “dulcero” y se derrite por la menta con chocolate; que uno lee con cierta asiduidad para tener sus lentes a mano; que está estudiando o que acostumbra interpretar libros metódicamente o, más simple, que venera el orden al punto de usar un fibrón rojo para indicar qué hay en cada caja, en cada sobre, cuál servicio está pago y cual ¡falta! pagar.
Tienen un auto y lo comparten. Lo delata la llave prendida a un llavero con dibujitos infantiles. No les importa el dinero (quizá no les falte) sino lo guardarían en sus billeteras en vez de dejarlo tirado por ahí, desordenado, sobre la mesa.
Coqueta, de noche, se lima las uñas.

miércoles, noviembre 8

LABERINTO (II) / ¿Porqué las chicas usan remeras, camisas y/o sandalias de sus parejas?

lunes, noviembre 6

LABERINTO (I) / ¿Existe la cara de recién cojida/o?

sábado, noviembre 4

JAZZ / Soy un hombre y soy una letra, por eso debo escribirlo: esta noche de viernes (*), como una revelación, a las 2.29, descubrí el jazz y su indescriptible esencia luminosa.
Se lo debo a la música de Oscar Alemán, a quién conocí hace poco más de un día.
También al Bill Evans Trío.

(*) En mis revelaciones, siempre es viernes.

lunes, octubre 30

PEORES / La chica marina lo dice con un lamento, arqueando la boca con una mueca de desprecio que él no puede ver.
- Trabajo en un buffet...
- OK.
- No hay peor cosa que trabajar con un abogado.
- ... Si, necesitar un abogado.

sábado, octubre 28

Mano a mano con el Innombrable, María interroga:
- ¿Quién sos?, ¿qué es ese disfraz?
- Respondo con una sola respuesta a tus dos preguntas: no es un disfraz.

Registro no textual de un tramo de La Hora del Diablo, de Fernando Pessoa.

viernes, octubre 27

NUMERACIONES / - Nunca había estado en un hotel.
- ....
- Vas a ser el primero con el que estoy después de mi ex...
- ...
- Bah!!... el segundo en mi vida.
La verdad, no daba el perfil: con su 23 y su pose de chica terrible, la dueña de esa boca inquieta no insinuaba eso que luego de entrar en la habitación 16 le notificó como al descuido mientras ensayaba sombras chinas sentada, descalza ya, en la cama.
Antes de esa noche, se miraron mucho de reojo. Extraños, sin hablarse nunca -sin conocerse las voces-, se rozaron manos y piernas en un ascensor lleno. Otros oportunos contactos secretos hicieron lo demás: una tarde de viernes se tropezaron en la escalera, se dijeron hola y se probaron la boca.
Nada pero nada, ningún indicio le permitió entrever que ella no era la chica brava que él supuso.

Por eso, cuando la morocha lo aturdió con su monólogo de dama de un solo muchacho, instintivo y cobarde él relojeó la puerta y fantaseo con una huída galante y decorosa.
Pero era tarde: con una pirueta, ella se le trepó encima y, enceguecida, le susurró entre mordiscos y sonrisitas: “Vos vas a ser el segundo tipo en mi vida pero yo, nene, voy a ser la última mujer en la tuya”.

martes, octubre 24

SIC (VI) / "Y vacaciones dio a su corazón".

viernes, octubre 20

SIC (V) / "Te llamaba para saludarte porque casi me voy sin darte un abrazo y sin pagarte la deuda. Tuve un problema fiero pero ahora estoy bien"

Mensaje que dejó en el teléfono de casa mi amigo Pasto, muchacho inquieto al que la otra noche le tembló la pera por un pre-infarto.

jueves, octubre 12

LOS FINES / No lejos de la ruta 3, sobre la calle Marconi al 3059, Domingo Juan Morales montó un negocio sobrio, al frente de una casa baja con patio al fondo, como todas las de González Catán. Meticuloso, escueto en pretensiones, soportaría otras crisis y podría envejecer sin ostentación ni miserias.
Marga, madre de sus dos hijos, siempre a su lado. Ceremonioso, Domingo Juan regalaba a todos su saludo cordial, diplomacia de vendedor y buen vecino. Pocas urgencias, pocas palabras.
A los 41 años, se topó con una piba de 23. No podía llamarse más que Marcela. Él se perdió en esa risa que tintineaba como botellas vacías chocando entre sí; ella no resistió el encanto de las manos toscas, ajadas; y su calma madura.
Antes de notarlo, sin oportunidad para resistirse, se tuvieron.
Decidida la huída, consultó a una vidente para que lo oriente en los recovecos del destino. Nada de floreos enigmáticos, exigió datos terminantes. El oráculo fue odioso y temible: le auguró una muerte espantosa, solitaria e inminente si abandonaba a su mujer.
No pudo no temer; no pudo no dudar. Pero huyó con la dama joven de risa cristalina.
Aquello ocurrió el 8 de septiembre de 1975. Pasaron 31 años, Domingo Juan Morales se mudó a Villa Albertina con Marcela y crió otros tres hijos. Nunca dejó de ver a los dos primeros.
- Y aquí me ve: vivo y feliz –carcajea, anciano y sonriente.
- A veces los adivinos equivocan sus pronósticos –le dicen, entre bromas.
Apaga las risas con un “no” tan seco que cruje.
- No, con mi fe torcí un destino terrible.

viernes, octubre 6

PATOLOGIAS (III) / Trasnochada, despatarrada en el sofá, con MTV en mute y escuchando Modern Times de Dylan giratorio e infinito, preguntó como si tirara piedritas al río.
- ¿Vos no podés estar enamorado de más de una persona al mismo tiempo?.
- ...
- Yo sí.

jueves, octubre 5

mirones bis

Sobre dos muertes, violentas, poco exploradas y por eso no del todo públicas .

martes, octubre 3

malconsejero (V)

Solo en su soledad de vino agrio, Ruiz se regodea de besos mojados pero falsos, apretujones ficticios en una parada de colectivo; de un improbable lengüetazo porno en un viaje de quince cuadras en taxi que resultó infinito.
Tinto con un splash! de soda y platito de aceitunas a mano, Ruiz se acomoda en la mesa más lejana del ventanal, precaución que heredó de los '70 cuando "de momento no pasaba nada y de momento desde la calle escupían una balacera".
Es lunes, llovizna sin gracia, y Ruiz se detiene en la mueca amarga de las damas que atraviesan, apuradas y a los saltitos, la avenida Brown, cerca nomás de La Bombonera.
"La mejor receta para sacarle el mal humor a una mina, es darle un polvo furibundo" dicta y con un gesto mudo le pide al mozo otro sifón.

Pasados imperfectos: MC1, MC2, MC3, MC4

lunes, octubre 2

tono

Sólo un tono: el que propaga la nota Mi. Sin trucos ni pases de magia, el muchacho puede reproducirlo con un gorjeo lineal y sombrío.
Ese es su tono. O, a veces, el color musical de sus ruidos. Ronca, gruñe o goza –y pedorrea, se supone– en Mi.
A la hora de la siesta de su infancia feliz de pueblo detectó con una guitarra que tenía incorporado ese tono. Fue una revelación bienvenida para afinar. Se sabe que la más grave y la más aguda de las cuerdas de la guitarra suenan en Mi, y que de ahí se proyectan luego las demás notas.
“Todo debe tener su tono”, especuló y se sumergió en esa curiosidad.
Dictaminó, guitarra en mano, que las campanas resuenan en La, los perros ladran en Do; que llueve en Re.
Inquieto, sospechó que el mundo y todo su engranaje deben emitir un sonido. Se preguntó, al borde del preciosismo y el exceso, si podría tratarse de un bemol.
Arriesgó, sin ínfulas de poeta, que el vínculo del tono particular con el tono del mundo manifiesta el rango de comodidad de cada uno con lo que lo rodea.
- La es el tono universal –sentenció con autoridad Charly García.
- Mi no se lleva nada mal con La –se convenció fácil el muchacho.
En rigor, la base armónica del rockandroll es la trilogía que construyen las notas La, Re y Mi.
Y una vida que suena a rock no puede ser una mala vida.

viernes, septiembre 29

miércoles, septiembre 27

el romance de la Tana y Héctor (XI)

Nada regular; nunca. Sus ataques de tristeza la volvieron una chica con sobresaltos en esos entuertos femeninos.
Cierta vez, hace mucho, estuvo sin mestruar dos meses por un pico de angustia, causa de un incidente que no recuerda; que prefiere olvidar.
Relojeó esta tardanza con cierta mansedumbre. Hasta que un alerta se detonó con la molestia en los pechos que la remitió al dolor de doncella en floración, cuando comenzaban el desarrollo.
Rumbo a comprar un test ensayó palabras, miradas y sobreentendidos para contarle a Héctor. En el camino, lo que era una sospecha se volvió certidumbre aún antes de que asome primero una rayita morada y luego, más tenue, una rosada.
- Tengo algo que decirle –lo saludó en el descanso de la escalera.
- Lo sé: vamos a ser padres –la atajó él sin dejarla de mirarla.
- ¿Estás contento?.
- Siempre.
La Tana lo abrazó con sus brazos largos como tentáculos y Héctor, sin un pizca de mentira, le dijo, despacito, en un balbuceo que era un hombre feliz.

lunes, septiembre 25

mirones

Estuve mirón el fin de semana.

jueves, septiembre 21


Los que alguna vez transitaron por Vida Trifásica, mi blog sobre placeces, quizá recuerden a Coki & The Killer Burritos. La canción se llama La Tormenta. Bailemos.

martes, septiembre 19

sic (IV)

"Cambio todo por el don que hace a las mujeres reir"

patologías (II)

En un clic la sonrisa que es una brisa tenue, un vientito tibio en la cara del muchacho, desaparece. Y su boca se vuelve una cloaca, un cofre del que brotan pestes e impurezas.
Rabiosa, ella blasfema, vomita groserías que sonrojarían a un verdugo medieval. Convoca a los demonios, los desafía, a que todos se avengan hasta su cama.
Segundos después de que le tembló el vientre, luego de que ese hilito que empezó lejos, apenas perceptible, se hizo bocanada y estallidos, ella vuelve a sonreír con ojos de niña mansa.
- Soy una enfermita, ¿no? –murmura, sin mirarlo.
- Si, por suerte.

lunes, septiembre 18

jotas

De una charla con Penélope salió el sic (III): "La gente feliz no tiene blog".
Es una regla imprecisa y errónea como todas las reglas.
Lo mejor fue que entre los comments hubo muchas risas, muchas jotas seguidas de letras a y de letras e y de letras i. Risitas.
Eso me gustó de verdad.

viernes, septiembre 15

sic (III)

"La gente feliz no tiene blog"

el romance de la Tana y Héctor (X)

Soñó con pibes descalzos, la Tana.
Por la mañana, notó que el almanaque se hacía más largo y su vida, como en un pase de magia, se estiraba y se diversificaba.
Enredada, aturdida, rastreó a Héctor. La urgencia no eran la pesadez ni las puntadas sistemáticas (aguijones sin punta) en las tripas. Era otra cosa: algo físico sí, pero inmaterial.
- Siento cómo una extensión, algo que me excede, que me hace mirar más lejos, más allá de mí –lo atropelló.
Padre dos veces, Héctor entendió enseguida. A los 23 años, cuando supo de su primer hijo, entrevió que todo tenía otro color, otro aroma, y, sobre todo, otro tiempo. No volvería a ser sólo su tiempo: ahora regía el reloj del que venía.
La noche siguiente, la Tana soñó con una trinidad personal: ella, él y su niño en tránsito.

martes, septiembre 12

sic (II)

“Hoy estás radiante como Nueva York
pero yo estoy pensando en otro lugar”

lunes, septiembre 11

sí.

domingo, septiembre 10

que

sábado, septiembre 9

Parece

jueves, septiembre 7

delete

Era una atadito: unos diez o quince sobres arrugados, apilados como expedientes, amarrados con un hilo rojo. Adentro hojas ajadas, con textos breves pero eufóricos: a mano alzada, sin sutilezas, los párrafos desordenados vociferan pasiones furtivas.
Leyó cada carta. Identificó la letra, los modos, alguna palabra típica, su error de ortografía más frecuente –ponía, siempre, desición en lugar de decisión–, el olvido ostensible de todos los acentos.
Al estudio metódico aunque arrebatado, le siguió un repaso bruto y brutal. Se detuvo, segundos nomás, en una oración procaz que no habría siquiera concebido en esa boca que siempre le regalaba palabras de caramelo.
Atravesó la tarde quieta -una tarde sin nubes ni viento- junto a la ventana, sin salir al balcón, con la pila de cartas a su lado. Cartas que no le estaban dirigidas y referían a cuero, besos y trasnoches.
Se torturó con fantasías violentas sobre el encuentro y el reproche. Algunas con sangre; todas traumáticas.
Ningún final le resultó adecuado y conveniente.
Cerca de la medianoche, ocho minutos antes de que se escuche el girar de la cerradura, quemó las cartas una a una. Tiró las cenizas al lavatorio y abrió la canilla. “El fuego y el agua purifican”, se consoló tontamente.
Deleteó para siempre la traición y la constancia de esa traición.

lunes, septiembre 4

patologías (I)

Brutal, pero sin tragedia, le dijo que era un muchacho poco conveniente, que disfrutaba asaltar camas ajenas, que era fugaz, arisco y que estaba seguro con su vida, su mujer y sus cosas. Que no quería sobresaltos. Y dijo más: confesó que, a veces, teme tener una compulsión casi patológica, ingobernable, con las damas. "Como todos" aclaró.
Estoy declarando en mi contra pero quería decirlo –se atajó él.
– Capaz que sea tarde: ya estoy desquiciadita –lo prepeó ella, sonriendo con un suspiro al otro lado del teléfono.
Si querés no vemos el viernes. Pensalo y me decís –se despidió.
Un rato después horas leyó el mail.
”Horacio:
Parece ser que usted es un tanto más pillo de lo que yo creía y al parecer, también, un señor experimentado en estos menesteres.
Por un lado me parece magnífico porque dejo de correr el riesgo de que esto sea algo tan particular para usted, y que por esas cosas de la vida, después se complique su vida con una señorita poco recomendable como yo.
De modo que sólo resta analizar si es que prefiero pasarla bien con un sujeto tan prometedor o prefiero quedarme con esta fantasía virtual.
Y de ninguna manera voy a pensarlo como usted me propuso: sería en vano. Mejor veamos que cosas suceden en el universo, que onda con el tsunami, con Blumberg y con la reforma de los créditos hipotecarios durante la semana y el viernes vemos que tan hot puede seguir siendo esto.
Me despido cordialmente y esperando que su condición patológica no mejore, al menos en estos días.

Gaby"

domingo, septiembre 3

sábado frio (no fresco)

¿Te acordás de la cancioncita post-mimos?. OK: se vistió cool.

damas audaces

El sábado, tarde, volví a segmentar mi vida y mis placeres en tres.

viernes, septiembre 1

el romance de la Tana y Héctor (IX)

Anda feliz, la Tana. Duerme mucho, sonríe mucho, se mueve como una paloma lenta y desprejuiciada.
Lo acusa a Héctor: le atribuye, y este no lo niega –como no lo haría ningún tipo– ser el obrero de esa felicidad torrencial.
No es una sonrisa de sexo bueno. No.
Es otra cosa. Y como es, como está ahí, y le gusta que esté ahí, la Tana no se pregunta ni se responde nada.
Sólo recuerda el clic: el domingo a media mañana, tirada en la cama, un destello íntimo, un pulsar de electricidad mansa, le detonó en la panza.
Y ahí anda: con su sonrisa de futura madre, sin saberlo todavía.

fiesta

Contó Virgen que ayer, 31 de agosto, fue el "Día del Bloggero". Hace un mes estrené blog y no me asumo, todavía, como un blogger por lo que sería raro celebrarlo.
Eso sí: capaz que me zambulliría en la fiesta si hubiese (o hubiera).

jueves, agosto 31

una de monos

Esa dama agrietada, de belleza rara, muy italiana, se sumergió persistente a husmear letras y mapas, a pesar de que la curiosidad y el saber no eran herencia ni propósito. Menos, todavía, una virtud contagiada o trasmitida.
Puede sospecharse que de sus lecturas trasnochadas, de ojos caídos en pulseada feroz contra el sueño, rescató esa respuesta perfecta. Pero vale creer que la improviso ahí nomás, entre milanesas y ropa para lavar.
- ¡Ma!. En Érase una Vez el Hombre hablan de la evolución y de Darwin, lo de los monos que se convirtieron en hombres. Pero en catequesis nos hablan de Adán y Eva. No entiendo: ¿el hombre evolucionó o lo creó Dios?.
- Las dos cosas: el hombre evolucionó como dice Darwin pero Dios puso el toque mágico para que aquellos monos se conviertan, poco a poco, en hombres.
- Ah! –dijo y se fue a jugar.
Por años no lo volvió a atormentar ninguna puta duda.

PD: con esto DEG disparó el recuerdo

sic (I)

"¿Qué hace que abandone a su mujer, por fea, un ciego?".

miércoles, agosto 30

miércoles nublado (o nubloso)

Una cancioncita para escuchar desde la cama, post mimos.

martes, agosto 29

lo dijo cantando

"Listo el pollo, pelada la gallina, muerto el Obispo" canturreó ella.
Y él se rió como un nene. Esas reacciones lo derriten y no puede dejar de amarla ni un ratito ni de casualidad.

lunes, agosto 28

dos balazos

La nota, sin remitente ni firma, apareció el amanecer del viernes en la mesa baja del fondo del pasillo que lleva a las habitaciones de servicio. La encontró Erwin, el mayordomo, que sin leerla se la entregó, 45 minutos después, al señor Gómez Díaz cuando, a las 8.20 en punto, lo despertó con un desayuno frugal –mate y dos tostadas de gluten con miel blanca– y el diario La Nación.
Erwin no esperó que el patrón lea la nota por lo que no pudo ver el rostro pálido de estupor al principio y enrojecido de indignación luego del señor Gómez Díaz al ojear el texto.
"En esta casa. Este fin de semana. Morirá uno" leyó.

Estigma de mayordomo, Erwin fue el sospechoso previsible. Su condición de uruguayo agravó los prejuicios. alguien recordó, además, que Erwin Primero Robles, su padre y jardinero del padre de Gómez Díaz, había salido a escondidas de Montevideo, huyendo de la Justicia. Se le mentaba la muerte violenta, a puñaladas, de un cuchillero que le sedujo a la mujer, madre de Erwin.
Alguna perrería, alguna deuda acarrearía el viejo Gómez Díaz con Erwin padre que lo cobijó, le dio empleo y nunca lo reprochó nada ni le pidió cuentas. Blindó la memoria y el pasado de ese moreno silencioso a quien, es probable, admiraba por hombre y por valiente.
"Ninguna valentía conceden el cuchillo, la sangre ajena y el suspiro último de un moribundo", balbuceó como en un rezo mecánico Erwin Primero la tarde que, a fines de los '80, enterraron al viejo Gómez Díaz. El hijo no entendió ni preguntó nada. Razones tendría su padre para pronunciar esas palabras.

Fiesta patria, fin de semana largo, reunión familiar en lo de los Gómez Díaz, abuelos y padres. Las sonrisas heladas por el pronóstico de un crimen. “Morirá uno” recordaba el patrón aquel horóscopo cruel.
El viernes fue puro rumor, entre presunciones y dudas, descreimiento y pánico nervioso. Pocos durmieron esa noche. El sábado fue menos incómodo quizá porque supusieron inevitable esa muerte y, sobre todo, porque ninguno se creía merecedor de una muerte sin señas particulares ni motivo aparente.
El morbo por develar el crimen hizo que nadie abandone la casa. La curiosidad fue más fuerte que el temor.
Agotados, entregados a lo irrevocable, el sábado comieron y bebieron y durmieron anchos y en cueros.

Dos balazos despertaron a todos cerca de las 9. Dos. Apenas separados por segundos uno del otro.
El culpable fue, otra vez, el mayordomo: desnudo, Erwin sonreía con una mueca fría, deforme, desdentada. un balazo le desintegró el maxilar sin rozar el cerebro.
Conciente, herido y sintiéndose un imbecil, tuvo que disparar por segunda vez para darse muerte.

domingo, agosto 27

malconsejero (IV)

“Dale, yo te ayudo: matemos y crucifiquemos ahora mismo ese restito de monja de clausura que queda en vos”.

nena

miércoles, agosto 23

fue


Ahora sí se complicó mal. Ernesta olvidó. Parece que la chica-demonio de Camucha aprendió a pronunciar otro nombre (Gerónimo) y tiene otros planes. Y Joaquín Ibañes Epul no forma parte de ellos.

PD: pedorra la tarjeta de invitación, ¿no?.

lunes, agosto 21

el romance de la Tana y Héctor (VIII)

Era inevitable. Cuando la Tana mutó del rechazo al beso y los revolcones, asimiló con crueldad, casi como una condena irrevocable, que estar con Héctor suponía una pérdida. Con casi 40 años, dos hijos, una ex esposa y una pareja reciente, Héctor había –según entendía la Tana– clausurado su ciclo de paternidad.
“Sé que no vamos a tener hijos: renuncio a ser madre” comentó, extrema, una tarde frente a dos amigas que la compadecieron en silencio.
La Tana repensó esa sentencia en los días –sobre todo en las noches– que estuvo lejos de Héctor. Duró poco: sólo algunos desvelos.
Al fin, como debía ocurrir, el muchacho volvió con sus ojos de reptil a decirle al oído las mentiras más encantadoras que la Tana escuchó.

jueves, agosto 17

de otras canciones

........

miércoles, agosto 16

de canciones

martes, agosto 15

la mejor canción

Dos años (casi tres) de secretismo, de besos escondidos, dinamitaron todos sus misterios. El muchacho estuvo, un verano, a horas de destrozar la alcancía para irse con ella por ahí y para siempre.
Ella jamás reclamó nada: esperó, silenciosa, sin demandas, bella e iluminada, que él admita que sus besos le resultaban imprescindibles; vitales.
Nunca ocurríó. Desgarrada, probó con un pibe. Luego con otro: hace once meses sonríe dulce junto a ese novio; seis que vive a su lado en un departamento de dos ambientes, de un quinto piso, a estrenar.
Anteayer, ella lo llamó para saludar. Al principio, silencios, comentarios formales, preguntas típicas; respuestas de manual.
- Volví a soñarte -tanteó él en una pausa.
- ¿Otra vez?.
- Nunca dejé de soñarte pero ahora volví a soñarte como en los mejores sueños.
- ¿Me soñaste porno?.
- Si.
- Imaginaba.
- ¿No debería? -pregunto, culposo, él.
- Es inevitable: cojernos fue nuestra mejor canción.

lunes, agosto 14

la flor más linda

Ciertas chicas, aunque ficcionales, saben combinar las palabras con exactitud.
"Sos un caso patológico, Nashe, y si tienes que marcharte, está bien, tienes que hacerlo. Pero recuerda que estoy aquí. Si vuelves a sentir necesidad de meterte en la cama de alguien otra vez, piensa primero en la mía".
Del personaje Fiona, de la novela La Música del Azar, de Paul Auster.

domingo, agosto 13

copyright

Lo detectó cuando estaba en la vereda de enfrente y distraído se largaba a cruzar la calle desierta de un sábado de la tarde.
Ella estaba de pie en la esquina. Esperaba a alguien, intuyo que a un desconocido y por eso lo miró como lo miró: rigurosa, de frente, sin ningún pudor y sin la mínima vergüenza.
- Mujer: me mirás como si fueses la dueña de todas las verdades.
- Lo soy. ¿No se nota?.
- No. Mirás como si fueses la dueña pero no como que sos la dueña.

sábado, agosto 12

el romance de la Tana y Héctor (VII)

Hec: ya no sé que hacer para que entiendas todo lo que te amo. No me dejás hablarte, ni verte. Necesito que sepas como estoy, lo necesito.
Mirame, sentime; estoy exactamente así
Tu Tana, que te ama siempre, por siempre.


(mail de la Tana a Héctor. Sábado 6:48 AM.)
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tregua (al fin)

viernes, agosto 11

el romance de la Tana y Héctor (VI)

Héctor fantasea una aventura de la Tana. Es infundado, casi inconcebible, pero Héctor carbura así: en tres cilindros.
"Si sospecho una infidelidad ¿yo debo probar que fue infiel o ella probar que no lo fue?", se enrieda en ese dilema, trasnochado.

jueves, agosto 10

rubita


- Yo no me escurro: vos querés que yo me escape porque es lo que te conviene
- ¡Ah buee...!
- ¿Me equivocó?
- No... no sabés lo que decís, nena.
No fue una admisión sino la prueba, inocultable, de su debilidad: ese “no” con puntos suspensivos reveló cómo flaqueó con el comentario de esa niña rubia, linda, frágil pero muy malhablada, que lo tiene a los tropiezos y durmiendo mal.
La pibita se la apareció de la nada. Risa fácil, ojos esquivos, muchacha larga y espigada, liviana como un suspiro. Una pendeja irreverente.
- ¿Cómo es eso de que a mi me conviene que vos te escapes?
- Si: me acusás a mí de tímida pero el tímido sos vos. Lo que vos querés es que no pase nada entre nos.
- ¿Y porqué?.
- Porque tenés miedo.
- Mirá vos: un comentario explosivo.
- No te hagas el canchero, pibe: tenés miedo de que yo te guste mucho y complique tu vidita con tu chica.
El muchacho se comportó como un caballero: manoteó como respuesta un fraseo elegante, inocuo, que pronunció al oído de la niña rubia, linda y mal hablada. La saludó con un beso en la frente cuando ella bajó del taxi en avenida Belgrano, cerca del bajo.
- ¿Qué le pasa a las pendejas que se creen irresistibles? - susurró, con cierto fastidio, masticando las erres.
Pagó con cambio. Sin propinas.

De "Un muchacho un poco enamoradizo y con mala suerte", de Ibáñes Epul. Mataderos, 2001.

malconsejero (III)

Ruiz es un muchacho testarudo. Muchacho es un decir: atravesó los 60, a los tumbos y herido en todos los flancos. Sólo de soledad dura, se consuela sin remedio, y ya sin alcohol, en charlas de sobremesa.
"Nene -acedemiza- tenés que ser aplicado. A-pli-ca-do. Un obrero, nene, tenés que ser un obrero. Eso siempre paga: si una mujer comprueba que estás trabajando para su placer, tenés garantizada su gentileza recíproca".

el romance de la Tana y Héctor (V)

Hec dice:
holis
Hec dice:
.........
Hec dice:
hola Tana
Hec dice:
donde estás???
Hec dice:
querida donde te metiste???
Hec dice:
si no aparecés ya, me voy
Hec dice:
.......
La Tana. dice:
holaaaaaaaaaa
La Tana. dice:
acá estoy
La Tana. dice:
perdon, amorcito
Hec dice:
donde estabas nena??
La Tana. dice:
estaba hablando por teléfono Hec
La Tana. dice:
estaba ocupada, trabajando
Hec dice:
me decepcionás
Hec dice:
siempre me decís que soy lo más importante para vos
Hec dice:
y no me respondés porque estás hablando por teléfono con cualquier prensero boludo
La Tana. dice:
no, gordito... no me digas eso
Hec dice:
si. te lo digo. me decpecionaste
Hec dice:
chau
La Tana. dice:
no, no te vayas por favor

No se pudo entregar el mensaje siguiente a todos los destinatarios:
no, no te vayas por favor

La Tana. dice:
Hec!

No se pudo entregar el mensaje siguiente a todos los destinatarios:
Hec!

(hubo un pasado reciente de sonrisas I)

miércoles, agosto 9

gil

Ella comprendió que la cachetada era su forma, tontamente masculina, animal y desesperada, de decirle lo terrible que sería amanecer sin ella el resto de su vida.
Ella le dio un beso largo, tibio y rico, y se fue acariciándose el pómulo amoratado.

martes, agosto 8

siete

Siete novias tuve. Pero me salieron malas y a las siete abandoné.

lunes, agosto 7

una de frío

Hacía frío. O él sentía mucho frío. Para el caso era lo mismo. Niño, niñísimo, sufría con el viento cruel en la cara. Caminar era un sacrificio. Su mamá, que inusualmente ese día lo llevaba al jardín, a tres o cuatro cuadras de casa –en ese pueblito era una enormidad de lejanía– enfrentó el ventarrón que para él era una tempestad y se puso a caminar delante suyo, protegiéndolo del viento y el frío.
Llegó tibio al jardín.
Una vez más, mamá lo había blindado de las inclemencias de un mundo demasiado feroz.

sábado, agosto 5

plagas

Vírósico, me reproduzco. Y en trifásico

jueves, agosto 3

el romance de la Tana y Héctor (IV)

Héctor mezquina su casa que se entrevé una cueva, un abismo de divorciado que no aprendió el decálogo de reglas básicas para no ser expulsado por un escuadrón irregular de hongos, bacterias y colillas de Marlboro.
Poco sutil, nada caballero, el primer amor de sábanas fue en un motel. Y no sólo el debut: en su despliegue de macho cabrío con entreveros tres días en continuado, para impresionar a la impresionable, Héctor reinicidió en camas de alquiler.
La Tana deleteó ese detalle. Como hizo con otros más obvios y más fieros. Ceguera, reniega silenciosa una amiga que la quiere bien. La Tana lo confirma al hablar, cuando queda desnuda, infantil y católica, y revela con un solo resoplido que está irremediablemente frita.
Este tipo, Héctor, la mensuró, le hizo unos floreos y ahora la tiene en la mano –en las manos– y en la cama.
Y ahí, la Tana, flota tibia y liviana. Esas manos y esa cama, pluma y palabra, la adoctrinan para redactar el poema que aprendió hace poco; su nueva religión.
Se convirtió, la Tana, en una fundamentalista del polvo secuencial.

(antes I // II y III)

viernes, julio 28

el romance de la Tana y el Héctor (III)

"Yo no voy a hacer nada que vos no quieras pero vos vas a querer todo lo que yo te haga".
Es peligrosamente física, la Tana. Corcovea, se arquea feliz pero incómoda cuando algo o alguien la sorprende gratamente. Héctor lo logró con esa frase, que acompañó con una mueca: la boca apenas ladeada, con la diplomacia de un caníbal.
Mal no le fue: hace, ya, un mes que están juntos.

miércoles, julio 26

malconsejero (II)

Ruíz es un mal consejero, ya se sabe. Venera los excesos y todo lo que le prende fuego en las tripas. Tiene una hipótesis, de sobremesa, precaria pero quizá efectiva, sobre el amor y la fidelidad. Es siempre descaradamente primitivo.
"A veces, -dice- cuando una mujer que no es la tuya te atrae demasiado la culpa es el pecado menor".

el romance de la Tana y Héctor (II)

Corre sangre entre amigos, mucha sangre. O será que no se trata de amigos como se supone. Si no ¿porqué el Chueco se malquista con Héctor, lo provoca, le refriega como si fuese un pecado su romance con la Tana?.
- ¿La llevaste a la Feria del Libro Infantil? – lo azota con un chiste obvio y berreta.
No se inmuta, Héctor. Terminó de rebote en los brazos anchos, en esos tentáculos mansos que crío la Tana. Recaló en esa bahía porque justo pasaba por ahí y, sobre todo, porque empezó a envecejer la peor vejez.
En esa desazón ante lo irremediable, la Tana funciona como un Santo Grial: es el vino rico de la juventud sin hora; la juventud inagotable. Héctor le debe demasiado por eso.
“Vos sos mi Peten Pan –le dice todo pelotudo, con sus ojos de reptil y una sonrisa desprolija– pero queda mal decir que yo soy tu Wendy”. Ríen los dos, en silencio, con cierta complicidad.
Hay palabras y frases que sólo justifica la intimidad. A un transeúnte cualquiera, a un despistado, se le podría atrofiar de por vida la hormona del buen gusto , si oye a Héctor decir, gangeando, que es "el" Wendy de la Tana.

martes, julio 25

estar ahí


Quizá es despreciarlo: no detenerse en sus palabras, sus formas y su doctrina para venerar, con paja juvenil, su figura y su símbolo.
Más que oírlo, palparlo como personaje; medirlo -tal lo que me dijo un pibe taxista- como un pedazo de historia. Lo empardó con otros, más procaces. Definitivamente antagónicos.
"No soy fana de los Rolling pero me gasté lo que no tengo para ir a verlos. Son historia viva: ¿cómo no voy a ir a ver a Fidel?".
Ví, el viernes en Córdoba, a Castro: habló desde las 19:35 hasta las 22:24.
Yo estuve ahí.

malconsejero (I)

Dejó de beber y sólo fuma, pipa, los jueves por las tardes. Ruiz, desterrado suburbial, ejercita con muecas de pontífice el desdichado oficio de consejero. Y, advierto a los irresponsables, todo el tiempo lo hace mal.
Obstinadamente misógino, es pecaminoso y se fascina teorizando sobre los vínculos y su mayor intriga: los revolcones furtivos, de media tarde.
"Si podés elegir andá a la casa de ella. Siempre es mejor en cama ajena: es más fácil irse, que echarla".

viernes, julio 14

camucha



Camucha. Qué palabra de mierda. Esa palabreja deforme, precaria, ilegal, nacida en revolcones de las 11 de la mañana, me vuelve como una tormenta de arena fina directo a los ojos. Un tormento en esta noche de martes, insómnico, sólo en el lado frío y solitario de mi cama de lado único. Y pienso: vos, uruguaya, exactamente ahora, le estarás diciendo “quiero camucha” a tu chico alto y rubio que, capaz, ni siquiera se derretirá como me derretía yo cuando me decías, a mí, a mí sólo, “quiero camucha”, en un balbuceo fingido, con la boca fruncida de un beso al aire, mirando oblicua, cómplice, con falso rubor de nena que en un rato será un demonio entre las sábanas que, a duras penas, lograrán mantenerse encima del colchón.
Camucha. Una palabra hasta cómica, si querés; un poco pelotuda; palabra de noviecitos que se dicen tonterías al oído mientras comen chocolate y se rascan la cabeza mirando la nada que, por un rato, es un montón de cosas revoloteando bajo la sombra zurcida de un bosque lateral.
Es una palabra tan sencilla y, sin embargo, la acabo de perder para siempre. Puedo pronunciarla todas las veces que quiero, es cierto, pero ya no me pertenece. Y, hasta, de algún modo, me está vedada. Podría, si quiero, remixarla, hacer un intento –o varios– por convertirla en mi aliada, mi compañera en otras aventuras. Pero no: asumo que me está impedida, que se me escurre. Remite al estigma de las sábanas que se zafan del colchón y terminan desparramadas en el piso, ignoradas.
Quizá nunca fue mía del todo. Esto, me parece, debería haberlo pensado antes. Pensar que antes fue de otros como la boca fruncida que la pronunciaba y el beso al aire y la nena-demonio. O, mejor dicho, pensar que quizá no nació conmigo –con nosotros, uruguaya– sino que venía como una herencia adherida a vos, y yo me la apropié por un rato. Pero ahora tiene otro idioma, pertenece a otro diccionario íntimo. Ahora, para ser más preciso, tiene otro traductor. Mejor aún: otro decodificador. Un pibe noble, de risa frágil; bienaventurado. Se merecen, supongo, uruguaya.
Para mí es otra palabra vedada. Hay más por ahí. Unas cuantas en una colección menos vasta que lo que uno revela cuando presume de titán seductor. Pero todas las palabras, todas, son menos entrañables y –apuesto– de sonoridad menos grácil y agraciada que camucha. Pero ahora la memoria se me estanca en esa, uruguaya, en camucha, invitación un poco tímida pero procaz de una dama reclamando hombre, cuero, besos; un universo único, acotado a dos.
¿A vos te habrá quedado alguna palabra mía?. No sé. Ahora que lo pienso quizá te quedó, en el registro, esa: no sé. Fue una constante en nuestro safari, la respuesta que más escuchaste. No sabés lo triste que es no dejar, siquiera, una palabra. Y si fuera esa, “no sé”, sería la angustia plena.
Primero porque no es una palabra, es una duda en sí misma. De algún modo es una anti-palabra. Las palabras, se sabe, se inventaron para decir cosas, no para no decirlas. No está en su naturaleza ser un herramienta para que uno se escabulla sino para que se encuentre.
Segundo porque se trata de dos términos anudados que, cada cuál por su lado, tienen un significado cierto, válido y positivo. El “no”, aún chocante, sería un recuerdo puro, preciso. Sé (que bien mirado podría, incluso, ser psé!, un sí de conventillo, de escarbadientes en la boca, desganado ponele) también supone una certeza: sé que sí; sé que no; sé que camucha tiene ahora otro oído que la absorbe y otro abrazo que la complace.
Hago memoria y busco otras palabras pero, aunque sé que las hay, no las recuerdo. Me detuve en camucha y se volvió exclusiva y excluyente. Raro, ¿no?. No porque sea sexual, que lo es, sino porque expresa como nada tu encantamiento conmigo. Me arrastrabas, y yo iba gustoso, aclaro uruguaya, a la privacidad de la alcoba efímera que nos regalábamos. Unos ratos, más intensos que extensos, de amor express.
Yo dejé que te vayas. Pero, en realidad, creo que vos siempre quisiste irte, todo el tiempo supiste que nuestra cercanía era, en su origen mismo, primaveral y acotada. Peleaste para imaginarla duradera y anciana, y hasta sospechaste que podría funcionar. Ahí, también, radicó parte del encanto. Nació para temporada, de esas temporadas para contarle en la vejez a hijos y nietos.
Al final lo entiendo así: imagino que alguien, por un premio de TV, logra conocer China. Luego de recorrerla sabe que no sólo no volverá sino que, en el futuro, esa parte del mundo le estará enteramente prohibida. En adelante, inevitablemente, para ese alguien, todo será occidente; no habrá nunca jamás ni siquiera una pizca de oriente. No hay más China, uruguaya.
Esto es definitivo.

(carta que Joaquín Ibañes Epul escribió, pero jamás envió, a su enamorada Hernesta Pow. Saforcada, 1998)

sábado, julio 8

tecnología obsoleta


- Señor: lo estamos llamando desde Movistar.
- Ajá... qué tal, señorita. ¿En qué la puedo ayudar?.
- Señor, le queríamos informar que usted está usando tecnología obsoleta... (*)
- ... (mudo mientras decodifica)
- ¿Señor?
- Si... obsoleta pero anda.
- .... (silencio)
- ¿Señorita?.
- ... bip bip bip bip
Otra postal del planeta call: a Daniel, poco higiénicamente apodado Moco, lo llamó una operadora de Movistar para informarle que su viejo teléfono Motorola Tango 300 no funcionaba más.
Claro: lo llamaron al teléfono que -según Movistar- ya no andaba más. Este los atendió con la típica amabilidad exagerada de muchacho del interior y los sorprendió con una respuesta irrefutable: les dijo “qué tal” desde el aparato que, para la empresa, era tecnología obsoleta; que ya no funcionaba.
Tardaron unos minutos para reponerse y contraatacar.
Al final, Daniel, alias Moco, tuvo que devolver el Tango 300 una joya que alguna vez todos portamos -o vimos de cerca, alguno incluyo observamos como una maravilla de la tecnología- y a cambio le vendieron un aparato genérico en tres cuotas de 30 pesos.
No usa más aquel ladrillo tosco y gris.

* En su relato, Moco no pronuncia la b de obsoleta. Dijo "osoleta". No por iletrado sino por desfachatado.

jueves, julio 6

dijo "el dardito"

"Una de dos: hay mucha niebla o ese viejo que viene ahí es San Pedro"

la fórmula del mantecol


Es la semana de la dulzura (sic), me dijo. Nadie se acuerda. Yo sí, remarcó, y te compré un Mantecol. Era medianoche y un bocado dulce no parecía un mal plan. Mordí, a lo gurka, el Mantecol. Un antiflash: deshabrido; un saber opaco; gris. ¿Qué carajo pasó con el Mantecol?. ¿Le cambiaron la fórmula o a mi me cambió el paladar?.
Arriesgo, en charla de sofá, la teoría de que el Mantecol evoca, per se, recuerdos gloriosos, dulzuras de otros días, gustos arrebatados en paladares impetuosos. Concluyo, rápido, que es eso: que cambié yo (todos) y el Mantecol ya no significa lo que antes, que el Mantecol -como un disco, un jean nevado o la música de Jugate Conmigo- es una representación y, como tal, genera una expecativa que nunca cumple. El Mantecol que mordí no era Mantecol o, mejor dicho, no era "el" Mantecol que yo esperaba que sea.
Pero... ¿quién me garantiza que Georgalos, en todos estos años, no fue cambiando sigilosa de manera imperceptible la fórmula y, objetivamente, en sus componentes, el Mantecol actual no es igual al Mantecol de hace 10 años?.

miércoles, julio 5

pie en valle


Su pie en una medianoche del último febrero en el Valle de la Luna

el romance de la Tana y Héctor (I)

- ¿Como andás Tana?
- Re bien: descubrí que soy multiorgásmica.
Es tosca, de perfil rigusoso, alta en el cielo pero con una ingenuidad a veces insoportable, la Tana, que hace 15 días empezó a noviar con Héctor. Ella 26; él 38, dos hijos, una ex esposa, una ex pareja de los últimos dos años. De profesión liberal, tanto que casi no trabaja.
Dice, la Tana, que descrubrió su multiorgasmia y lo dice para justificar su romance con Héctor, vínculo infumable para la mayoría de sus amigas. Cree, la Tana, que ese dato del placer en catarata es irrefutable como argumento, que nadie puede atreverse a repudiar una relación que a ella le enseñó el mensaje cifrado del Corán –o la cara de Dios, diría un mecánico católico- multiplicado.
Y ahí anda, la Tana. Informando a los gritos, por los pasillos y en las veredas, que aprendió a acabar a repetición. Nadie sabe si creerle: da un poco de miedo, imaginar que todo ese mastodonte con forma de mujer, puede retorcerse en los brazos de alguien más de una vez.
Y en continuado.

(folletín apócrifo atribuído a Joaquín Ibáñes Epul - Berisso, 2005)

lunes, julio 3

viva perón

hojas encontradas (I)

Tengo hábitos de escritor pero hace tiempo -años- que no escribo una puta línea. Ni siquiera las tomo. Dejé de tomar hace mucho, cuando comprobé que era puro displacer. Ahora, cada tanto, retomo. En los dos sentidos: retomo porque reincido. Y re-tomo porque consumo mucho.
Mi degüelle anual es en invierno, de visita a casa de un amigo, 48 (o 72) horas de furia. Después vuelvo a la felicidad de cada día.
Hábitos de escritor, decía. Sólo me falta ser un poco puto; o bisex, al menos.
Pero no da. Imagino que debe doler horrores. U "orrores". A veces, una falta de ortografía potencia y agudiza el sentido de algunas palabras.

(hojas encontradas en un placard, Joaquín Ibáñes Epul - julio de 1997, Koluel Kaike, provincia de Santa Cruz)